Hay personas cuya presencia transforma silenciosamente todo lo que tocan: la empresa donde trabajan, la institución a la que sirven, los estudiantes a quienes forman, los amigos con quienes comparten el camino de la fe. Don Jaime Salvador Zorrilla de la Garza Evía fue, sin duda alguna, una de esas personas. El Comité Editorial de la Revista Pharus Academiae del Instituto de Estudios Superiores de Tamaulipas, en esta segunda etapa en que seguiremos editándola desde la academia institucional, me solicitó una reseña sobre este excelente ser humano e importante académico universitario y profesionista de las finanzas, mi querido amigo y maestro.

Origen y familia: Tampico como punto de partida

Hijo del abogado Carlos Zorrilla y de la señora Josefina de la Garza Evía, Jaime Salvador nació en Tampico, Tamaulipas, el 31 de octubre de 1934. Su fallecimiento ocurrió el 30 de junio del año 2007, a los 72 años de edad. Contó con cinco hermanos varones: Carlos, Alberto, Hernán, Enrique y Marcelo, con quienes compartió una infancia en la ciudad portuaria que durante la segunda mitad del siglo XX fue uno de los centros económicos más dinámicos del norte de México.

Contrajo nupcias con la señorita Graciela María Garza Ostos, con quien procreó cuatro hijos: Graciela Martina, María Rebeca, Jaime Jesús y Adriana Zorrilla. Los cuatro les dieron 13 nietos y, a la fecha de este escrito, cuentan además con 13 biznietos. Una familia numerosa, unida y profundamente católica, que refleja los valores que Don Jaime encarnó a lo largo de su vida.

Formación universitaria: la UNAM y el regreso a Tampico

Realizó sus estudios universitarios de licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México, obteniendo el título de Contador Público. Para un joven tampiqueño de los años cincuenta, estudiar en la Ciudad de México significaba un esfuerzo considerable de adaptación y rigor. Jaime Salvador lo asumió con la seriedad que lo caracterizaría toda su vida.

Al concluir su licenciatura, regresó a Tampico —su ciudad natal— donde encontró sus primeras oportunidades profesionales. Sus primeros trabajos fueron como Contador de la "Constructora Río San Juan, S.A." de Don Ramiro Garza Cantú, y Contador de la Agencia de Autos Ford "Superservicio, S.A.", cuyo dueño fue Don Rafael Menchaca Terrazas. Estos trabajos los realizó a fines de los años cincuenta y en el primer lustro de los años sesenta, cuando Tampico vivía uno de sus períodos de mayor expansión industrial y comercial.

Una carrera empresarial de tres décadas

Desde el año 1965, Don Jaime se incorporó a la empresa "Grossman y Asociados, S.A.", que con el tiempo se convirtió en "Sociedad Industrial, S.A." y finalmente en "Grupo Continental, S.A. de C.V." En dicho grupo colaboró profesionalmente durante más de veinte años, ascendiendo desde el puesto de Auditor General hasta los cargos de Director de Finanzas y Director General Adjunto. Una trayectoria que habla de confianza ganada, de resultados sostenidos y de integridad demostrada en el tiempo.

En 1987, entró a trabajar como Subdirector de la Casa de Bolsa Inverlat en Tampico, durando en ese puesto hasta el año 1998. Once años en el mundo de las finanzas bursátiles, un sector que entonces comenzaba su transformación acelerada en México tras la liberalización financiera de los años noventa.

De manera paralela a todos estos trabajos profesionales, desde 1966 se encargó —de manera completamente gratuita— de llevar la contabilidad del Obispado de Tampico. También contribuyó en la administración de la construcción de las oficinas del obispado en la década de los ochenta. Durante más de cuatro décadas, este servicio silencioso y desinteresado fue quizás el gesto más revelador del carácter de Don Jaime: la competencia profesional al servicio de la fe, sin esperar reconocimiento ni retribución.

El maestro: la cátedra como vocación

Tuve la suerte y el privilegio de conocer a Don Jaime Salvador Zorrilla en el año 1965, cuando él impartía la cátedra de Contabilidad General —tercer curso— al grupo de alumnos de mi generación en la Escuela de Comercio y Administración de Tampico, escuela privada incorporada a la UNAM. Era exigente pero justo, claro en sus explicaciones y generoso con su tiempo fuera del aula. En 1967, como consecuencia de una huelga de estudiantes, esta escuela pasó a ser parte de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, de la cual egresé. Pero el recuerdo del maestro Zorrilla permanecería para siempre.

El IEST: el último y más significativo capítulo

En 1998, Don Jaime tomó la decisión que marcaría el último capítulo de su vida profesional: incorporarse de tiempo completo al Instituto de Estudios Superiores de Tamaulipas, hoy IEST Anáhuac. Su primera responsabilidad fue dirigir el Centro de Desarrollo Estratégico, el área a través de la cual la institución presta asesoría profesional a las empresas de la zona conurbada de Tampico, Cd. Madero y Altamira. Este cargo lo dejó en el año 2001, para ocupar la Dirección Administrativa hasta la fecha de su fallecimiento.

Una importante experiencia cívica que también me tocó vivir junto con Don Jaime fue la de ser los dos Síndicos del Cabildo del Municipio de Tampico en el trienio 1996-1998, presidido por el Lic. Diego Alonso Hinojosa Aguerrevere, en el primer Ayuntamiento de Tampico del Partido Acción Nacional. Compartir esa responsabilidad pública me permitió conocer de cerca su integridad, su sentido del deber y su genuino compromiso con la ciudad que lo vio nacer.

Los viajes de la fe: Roma y Tierra Santa

Mi esposa Maribel y yo tuvimos el gusto de viajar con Don Jaime y su esposa Graciela en dos ocasiones que quedarán grabadas para siempre en nuestra memoria. La primera, a fines de diciembre del año 2000, para visitar el Vaticano en Roma, Italia. El propósito era estar juntos y pasar el cambio de milenio en la Plaza de San Pedro junto al Papa Juan Pablo II. Una experiencia que para todos nosotros significó mucho más que un viaje: fue un encuentro con la historia de la fe.

La segunda ocasión fue en abril del año 2005, cuando un grupo de siete asociados hicimos un viaje con nuestras esposas a Tierra Santa, acompañados del Padre Francisco González Vidal, L.C. Faltan las palabras para poder expresar lo maravilloso que resultó ese viaje, que para todos los que lo hicimos significó un antes y un después en la vivencia de nuestra fe católica. Don Jaime, con su manera serena y profunda de contemplar los lugares sagrados, fue para todos nosotros un ejemplo de cómo se vive la fe con autenticidad y alegría.

Una muerte sin miedo: el testimonio final

El lunes 18 de junio de 2007, nos encontramos Jaime y yo de regreso en la oficina a las 4:00 p.m. Me comentó eufórico que venía de ver a su doctora, la cual le había dado la noticia de que padecía un cáncer terminal. Yo le respondí que tendría que hacerse un tratamiento y luchar por salir adelante. Él me replicó con una calma y una certeza que me dejaron sin palabras: que no iba a seguir ningún tratamiento, porque se sentía feliz, porque muy pronto estaría en presencia de Jesucristo.

Todo esto coincidió con el hecho de que el Claustro Universitario del IEST había programado para el viernes 22 de junio el otorgamiento del grado honorífico de Profesor Honorario a tres importantes asociados de nuestra Asociación Civil: el C.P. Javier Vallejo Almaraz, Don Jorge Heredia Niño y Don Jaime Salvador Zorrilla de la Garza Evía. Fue así que celebramos la ceremonia solemne con todo el Claustro Académico Togado, en una celebración cargada de sentimientos encontrados dada la circunstancia que estaba viviendo el señor Zorrilla.

El domingo 24, Don Jaime viajó con su esposa y su hija mayor Graciela Martina en el avión particular de la familia Grossman Fleishman a San Antonio, Texas, para someterse a estudios médicos. A su regreso el miércoles 27 de junio, se consideró conveniente ingresarlo al Hospital de la Beneficencia Española de Tampico, donde permaneció hasta su muerte el sábado 30 de junio por la mañana. Nuestro querido maestro y amigo entrañable, en su lecho de muerte, se mostró muy feliz, expresando reiteradamente que iba a conocer ya en persona a nuestro Señor Jesucristo.

Don Jaime Salvador Zorrilla de la Garza Evía vivió su fe con la misma seriedad con que ejerció su profesión y sirvió a sus instituciones: con rigor, con coherencia y sin alarde. Su última semana fue su mejor testimonio.

Descanse en paz, nuestro querido Don Jaime.