En muchas iglesias coloniales de México existe un objeto que la mayoría de los visitantes admira sin comprender: el retablo. Vemos el brillo del oro, las tallas elaboradas, las pinturas oscurecidas por los años, pero rara vez sabemos qué mensaje encierran. Este artículo propone recuperar esa capacidad de lectura, usando como texto el retablo pasionario del Templo de Santa María Tiltepec, en la Mixteca oaxaqueña.
¿Qué es un retablo y por qué importa?
El retablo es una estructura de madera policromada ubicada detrás del altar. Su origen se remonta al siglo IX, cuando sobre la mesa del altar comenzaron a colocarse reliquias de los santos. En el siglo XI aparecen los primeros retablos propiamente dichos: cuadros rectangulares esculpidos en piedra o metal, con temas sobre Jesucristo, la Virgen o los santos. En México llegaron con los frailes del siglo XVI como herramienta pedagógica para evangelizar comunidades que no leían latín.
El retablo de Tiltepec tiene una estructura compuesta por sotabanco, banco, tres cuerpos y tres calles con remate en la calle central. Su lectura no avanza de izquierda a derecha: comienza en el lado derecho del cuerpo central y sigue una secuencia cronológica de los eventos de la Pasión.
El método: tres niveles de análisis
Cada escena fue analizada en tres niveles. El nivel pre-iconográfico describe objetivamente las formas y figuras. El nivel iconográfico identifica personajes y símbolos según las convenciones del arte cristiano. El nivel iconológico interpreta el significado profundo en su contexto histórico y teológico.
La narrativa en doce escenas
El retablo despliega doce momentos que van desde la oración en el Huerto de los Olivos hasta el Padre Eterno en el remate superior. Cada escena tiene su lógica compositiva y simbólica:
- La Oración en el Huerto — Jesús ora mientras Pedro, Juan y Santiago duermen; un ángel desciende con un cáliz.
- El Prendimiento — Pedro corta la oreja de Malco mientras la cohorte romana apresa a Jesús.
- El Sanedrín — Jesús comparece ante Caifás, acusado de blasfemia.
- El Señor de la Columna — Cristo atado y azotado; el manto rojo simboliza martirio.
- El Señor de las Penas — Jesús sentado y meditabundo tras los azotes.
- Ecce Homo — Pilato presenta a Jesús: "Mirad a este hombre".
- La Trinidad y Ángeles Pasionarios — El Padre, el Espíritu Santo y ángeles con los instrumentos de la Pasión.
- El Santo Entierro — El cuerpo de Cristo descendido de la cruz, en el sepulcro.
- La Piedad — María sostiene el cuerpo inerte de Jesús bajo un cielo oscuro.
- Padre Eterno en el remate — El anciano creador bendice desde las alturas sosteniendo el orbe.
- Tres Apóstoles — Santiago, Judas Tadeo y Pedro, reconocibles por sus atributos.
- El Divino Rostro — La Santa Faz en el paño de Verónica, camino al Calvario.
El color como vocabulario teológico
En el arte sacro virreinal, los colores son vocabulario codificado. El manto rojo de Cristo evoca sangre y sacrificio. La túnica blanca indica pureza. El azul de la Virgen connota el cielo y la gracia divina. El verde del ángel expresa esperanza. El púrpura del Padre Eterno alude a la realeza divina. Conocer este código transforma la experiencia de ver un retablo: lo que parecía decoración se convierte en argumento teológico.
Arte sin firma, historia por descifrar
Ninguna de las pinturas lleva firma conocida, lo cual es común en el arte misional novohispano. Una investigación futura podría comparar el estilo de estas pinturas con obras documentadas del Convento de Santo Domingo en Oaxaca, para formular hipótesis sobre autoría y taller de producción.
Por qué recuperar esta lectura hoy
Los retablos funcionaron como el principal medio de comunicación masiva de su época. Recuperar la capacidad de leerlos no es arqueología cultural: es reencontrarse con una forma de conocimiento visual que todavía vive en miles de comunidades mexicanas y que, comprendida, revela siglos de fe, arte y pedagogía entrelazados.